Abriendo ventanas

06Tu deber es descubrir tu mundo y después entrégate con todo tu corazón.”

 Buda

Katmandú, un espejo en el cielo es una película española, dirigida por Icíar Bollaín, que reconstruye la historia de vida de Laia[i], una maestra catalana, que emprende un viaje a Nepal donde descubre un sinfín de injusticias socioeconómicas y una realidad educativa desoladora: los niños trabajan y se ausentan de la escuela, sufren desnutrición, entre otros. Un mundo de puertas cerradas y oscuridad, en el que la sociedad nepalí parece estar aprisionada. Pero Laia, quien durante su niñez fue violentada en su hogar y en su escuela, sabe que es posible dejar atrás la oscuridad y caminar hacia la luz.

En ese contexto se integra en una institución educativa, donde las prácticas de corrupción la indignan: para extender su visa y prologar su estadía, los agentes estatales le solicitan abonar un monto de dinero que ella no está dispuesta a afrontar. Sin embargo, su deseo de permanecer en Nepal es tan fuerte que la situación la angustia enormemente. Ante ello, Rigga, un monje budista, le aconseja contraer matrimonio con un hombre nepalí para legalizar su situación en el país. Si bien inicialmente Laia lo considera un disparate, termina escuchando a su amigo con suma atención:

_ Mira, si la puerta está cerrada y no podemos salir por la pared, abre una ventana.

_ ¿Quién dijo eso? ¿Buda?

_ No, lo escuché en una canción.

Ambos se miran y guardan silencio.

Más tarde, a Laia la ponen en contacto con Tsering a quien le aclara con énfasis que se trata de un matrimonio por conveniencia para regularizar su situación en Nepal y, luego de llegar a un acuerdo, celebran el enlace. Con el paso del tiempo ambos se abren, construyen una confianza mutua y se enamoran. Tsering apoya sus proyectos porque se ve a sí mismo en aquellos niños y entiende que Laia puede hacer mucho por ellos. Conforme crece el vínculo, Tsering se deslumbra con la generosidad de Laia y, en una oportunidad, él le pregunta:

_ ¿Por qué haces esto? ¿Por religión? ¿Por política?

_ No, no.

_ Entonces, ¿por qué?

Ella respira profundamente y hace silencio. ¿Cómo explicarle que ella misma había crecido en la oscuridad?

Sin claridad en los pasos a seguir, Laia decide crear una escuela que brinde una educación de calidad y contribuya a la transformación de las condiciones de vida de los niños y niñas de los sectores más vulnerables de Nepal. Para ello, se autofinancia utilizando sus propios recursos: su hermana vende los pocos bienes que posee y le envía el dinero desde Barcelona. Pero los fondos se agotan rápidamente y el proyecto comienza a peligrar. Sharmila, una maestra incondicional que la acompaña en su quehacer, le sugiere que viaje a España en busca de recursos económicos para dar sostenimiento a la escuela. Después de algunas dudas, emprende el viaje, se entrevista con funcionarios, miembros de organismos internacionales, entre otros. Ellos le aconsejan crear una Organización No Gubernamental (ONG) y así lo hace. Después de varios meses, regresa a Nepal con una institución constituida legalmente y con fondos para el financiamiento de sus actividades. El proceso es difícil y, por momentos, la angustia y el desconcierto la invaden pero, cuando eso ocurre, recuerda uno de los consejos de su amigo Rigga:

_ Mira, esto te ayudará a pensar: sujetas una bola entre tus dedos, elaboras un pensamiento negativo, lo defines y lo dejas ir. Luego vas a la siguiente bola y elaboras un pensamiento positivo o un deseo, te lo guardas y respiras. Positivo, inspiras… negativo, expiras.

Para llevar adelante sus proyectos, Laia se apoya en Sharmila, una maestra nepalí que le brinda su incondicionalidad. El vínculo entre ambas es de un profundo amor y respeto aunque, por momentos, las diferencias culturales generan desacuerdos en la forma de abordaje de las prácticas pedagógicas y la intervención comunitaria. Una tarde conversan:

_ ¿Esos niños no van a ninguna escuela de la ciudad, del gobierno o de la iglesia?

_ Algunos de ellos son intocables, Laia. No tienen derecho a nada.

_ Todo el mundo tiene derecho a una educación, Sharmila.

_ Es fácil para ti, Laia. Tú puedes ir a las chabolas[ii] porque no sabes lo que significa. Para mi familia mezclarse con ellos es una vergüenza, un desprestigio, un pecado.

_ ¿Es así para ti?

_ Mira, en teoría, todos somos iguales. No hay castas desde hace años. Pero en la vida real cada uno tiene su lugar y su destino (…).

_ ¿Así que el pobre se queda pobre para siempre? ¿Quién dice eso, Sharmila? ¿Dónde está escrito? Porque yo cambié mi destino y esos niños, con ayuda, pueden cambiar el suyo.

_ No es tan fácil. No lo entiendes.

_ ¿Cómo puedes enseñar si piensas así? ¿Qué es enseñar para ti? Porque para mí es ayudarlos a que sean libres, a elegir, a ser ellos mismos.

_ ¿Qué vas a enseñarles tú? ¿A obedecer sin más? ¿A seguir tradiciones estúpidas que los atan y no los dejan crecer?

La escuela nepalí y la formación de sus docentes tienden a la reproducción de las condiciones de vida. En términos de Pierre Bourdie, sociólogo e investigador francés, la escuela reafirma lo instituido y reproduce la cultura hegemónica mediante acciones pedagógicas de adoctrinamiento.[iii] Aún a pesar de los evidentes desencuentros, ambas educadoras saben que su lazo es inquebrantable.

Con el transcurso del tiempo, la pareja de Laia y Tsering se ve desgastada por las dificultades económicas y la dedicación desmesurada de Laia a sus proyectos. Las prioridades de ambos son diferentes: él desea conformar una familia y ella hacer crecer sus sueños. La desilusión de Tsering es tan grande que decide abandonar a Laia. Ella le ruega sin éxito que no lo haga y se sumerge en una profunda depresión. Pero la desdicha no termina allí, Sharmila decide practicar un aborto tras descubrir que espera a una niña en vez de un niño, lo cual, según sus creencias, significa una deshonra para su familia. A pesar de estar en desacuerdo, Laia la acompaña en ese proceso hasta que, finalmente, Sharmila genera una infección y abandona su cuerpo. El desconsuelo de Laia es inmenso.

Algunos días más tarde, una señora le acerca una carta que aparentemente Sharmila habría escrito en vida: “(…) Un día me dijiste que enseñar era dar llaves a los niños para salir de la pobreza y la ignorancia. Y es la verdad. Hay llaves para salir pero también llaves para entrar. Rezo para que pueda seguir a tu lado, ayudarte por muchos años pero, en esta vida, nunca se sabe. Siento como si hubiera vuelto a la habitación oscura. O quizás es que nunca acabé de salir de allí.”[iv] Efectivamente Sharmila no consiguió transformar el universo simbólico en el que había sido educada. Permaneció aprisionada en ese mundo de puertas cerradas y oscuridad.

Tras leer la carta de su amiga, Laia solloza y mira a los niños a través de su ventana abierta de par en par. Con sorpresa descubre que Kushina, una niña recuperada de una red de trata de personas que había sido obligada a prostituirse, recobra el habla, juega y canta con otros niños que asisten a la institución. El silencio vuelve a invadir a Laia, quien encuentra en Nepal su espejo en el cielo. Un sitio cuyas injusticias la interpelan y la convocan. Sus palabras iniciales parecen cobrar más sentido que nunca: “Todos podemos cambiar cosas. Podemos cambiarnos a nosotros mismos. Podemos cambiar nuestro entorno. Y también podemos cambiar la comunidad en la que vivimos. ¿Cómo podemos hacer eso? Primero tenemos que imaginarlo.” Ella lo imagina y, tras numerosos aciertos y desaciertos, lo consigue: Kushina se encuentra caminando hacia la luz. Como ha dicho alguna vez María Montessori[v], médica y educadora italiana, a propósito del rol del educador: “ésta es nuestra obligación hacia el niño: darle un rayo de luz y seguir nuestro camino”.

Roxana Rodríguez

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2015.

[i] Película basada en la historia de vida de Victoria Subirana, una maestra catalana, quien descubrió que su trabajo era mucho más útil en un país sin alfabetizar y, tras muchos esfuerzos, creó la Fundación EduQual que promueve una educación de calidad para los sectores más vulnerables de Nepal y otros países. Fuente: http://eduqual.org/wordpress/

[ii] Vivienda humilde hecha con materiales de desecho o de mala calidad que carece de condiciones de habitabilidad; generalmente está situada en zonas suburbiales sin urbanizar.

[iii] Bourdie, Pierre y Passeron, Jean Claude, La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza, Les Éditions Minuit, 1970.

[iv] Léase la carta completa: “Querida amiga: Parece que el astrólogo se equivocó conmigo pero no contigo. Un día me dijiste que enseñar era dar llaves a los niños para salir de la pobreza y la ignorancia. Y es la verdad. Hay llaves para salir pero también llaves para entrar. Rezo para que pueda seguir a tu lado, ayudarte por muchos años pero en esta vida nunca se sabe. Siento como si hubiera vuelto a la habitación oscura. O quizás es que nunca acabé de salir de allí. Aunque no te lo creas, tú estás afuera, en la luz. Y tú tienes esa llave. Te ruego que sigas adelante y que no abandones. Laia, tú puedes ayudar a muchos niños a salir de la oscuridad. Te quiere. Tu hermana siempre. Sharmila.”

[v] El método Montessori se caracteriza por proveer un ambiente preparado: ordenado, estético, simple, real, donde cada elemento tiene su razón de ser en el desarrollo de los niños. El aula Montessori integra edades agrupadas en períodos de 3 años, lo que promueve naturalmente la socialización, el respeto y la solidaridad.
El ambiente preparado ofrece al niño oportunidades para comprometerse en un trabajo interesante, elegido libremente, que propicia prolongados períodos de concentración que no deben ser interrumpidos. La libertad se desarrolla dentro de límites claros que permite a los niños convivir en la pequeña sociedad del aula.

Los niños trabajan con materiales concretos científicamente diseñados, que brindan las llaves para explorar el mundo y para desarrollar habilidades cognitivas básicas. Los materiales están diseñados para que el niño pueda reconocer el error por sí mismo y hacerse responsable del propio aprendizaje.
El adulto es un observador y un guía; ayuda y estimula al niño en todos sus esfuerzos. Le permite actuar, querer y pensar por sí mismo, ayudándolo a desarrollar confianza y disciplina interior.

La educación Montessori cubre todos los períodos educativos desde el nacimiento hasta los 18 años brindando un currículo integrado. Fuente: http://www.fundacionmontessori.org/

 

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