Amar la posibilidad de ser

08La gente huye de su pasado pero puede ser una gran oportunidad.”

Liz Murray

 

 

 

 

De la calle a Harvard es una película estadounidense, dirigida por Peter Levin, que reconstruye un tramo de la vida de Elizabeth Murray, más conocida como Liz Murray, una psicóloga, escritora y conferencista nacida en 1980 en el Bronx, Nueva York, EEUU, quien vive en condiciones inadecuadas para el desarrollo humano. Sin embargo, Liz apuesta a la educación como estrategia para la movilidad social: el estudio le permite salir de la marginalidad para construir creativamente su proyecto de vida.

La película comienza narrando un episodio desafortunado en el que la madre de Liz, esquizofrénica y adicta a diferentes sustancias, pelea con su hermana porque ésta no le entrega los cien dólares que le había pedido guardar y ahora ella necesita para comprar drogas: “¡Dámela! Es mía. ¿Quieres que salga a la calle a venderme? ¿Eso quieres? Eso es lo que hago a veces.” Forcejean mientras las adolescentes tratan de explicar a su madre que tienen hambre y necesitan el dinero para comprar alimentos. Las desoye, llora en el piso e insiste diciendo: “Lo necesito, lo necesito…” Finalmente Liz le entrega el dinero a su madre, quien sale de la casa y se dirige a buscar las sustancias por un acueducto. Su padre mira un programa de entretenimientos y no interviene hasta que Liz lo increpa para ir tras ella por temor a que la asalten en el trayecto. Más tarde, Liz presencia la compra mientras come algunos alimentos que toma de un tacho de basura y sus padres se marchan dejándola sola en aquel sitio. Luego, una voz en off señala: “ya no me dolía ni me enojaba que no me cuidaran bien porque pensé: bueno, así es como debe ser la condición humana. Y luego el mundo intervino.”

El servicio social los visita periódicamente para supervisar el estado de situación, indicando a los adultos que deben cuidar la higiene personal y de la casa, la alimentación y la escolarización de las adolescentes. Lo cierto es que Liz asiste a la escuela esporádicamente, no se baña y usa la misma ropa interior hasta que se deshace. Tras los episodios de violencia familiar y el incumplimiento de las directivas, el servicio social  decide llevar a la madre de Liz a una clínica psiquiátrica temporalmente. Esta partida genera dolor y desesperación en sus hijas.

ún en aquellas condiciones, Liz recibe calificaciones de 100 mientras su maestra le remarca la importancia de cuidar su higiene y le regala ropa para que pueda cambiarse:

_ ¿Cómo lo haces si no asistes nunca?

 _ Leo en casa.

_ ¿Sí? ¿Qué lees?

_ La enciclopedia. La vecina de arriba, Eva, la encontró en el basurero. Toda entera. Bueno, menos de la “r” a la “s”. Si hubiera preguntas de ahí, no las hubiera contestado. Tuve suerte.

Su maestra le pide que asista a la escuela con mayor frecuencia. En silencio, Liz reflexiona: “¿Cómo decirle que la escuela me entristecía? Mi casa no era un lugar del que pudiera salir y ser normal…”.

Mientras Liz celebra su calificación, su madre regresa del hospital y le informa que es portadora de HIV. Explica que, para cuidar su salud, está determinada a abandonar las drogas y que, para ello, necesita alejarse de su esposo, por lo cual decide regresar a la casa de su padre. Liz se niega a acompañarla porque su abuelo violó a su tía y le pegaba a su madre.

Durante la convivencia con su padre, el servicio social vuelve a pedirle  a Liz que asista a la escuela mientras su padre la responsabiliza por el incumplimiento. Ante ello, los agentes estatales la derivan a una institución donde garantizan su cuidado psicofísico y su escolarización:

_ Le dije a tu padre que, si va a buscarte, saldrás en 24hs.

_ ¿Y si no va?

_ Tendrás tiempo de pensar cómo vivir tu vida.

Pero la experiencia en la institución no es satisfactoria debido a las reiteradas prácticas de violencia entre los y las adolescentes.

Mientras tanto su padre pierde el departamento y se va a vivir a un albergue con otras personas en situación de calle. Dado que la estadía en el orfanato se hace insostenible, Liz regresa a la casa de su abuelo, cuida su aseo personal y retoma la escuela por iniciativa propia. Pero la tranquilidad no tarda en esfumarse. Pronto su madre tiene recaídas, llega a su casa ebria y vomitando frente a sus nuevos amigos de la escuela. Mientras Liz la asiste, ella pregunta: “¿soy una buena madre?”. Vivir en aquel apartamento, donde su progenitora y su abuelo comparten la misma habitación, le resulta insostenible y decide partir, con tan solo 15 años, para vivir en la calle con un grupo de adolescentes. Liz reflexiona: “a veces sentía que jamás había tenido un hogar en mi vida”.

Más tarde, su madre muere y, aunque no fue el funeral que ella hubiese deseado, consigue despedirla a su manera. Al perder lo que más quiere en la vida, se dice a sí misma: “no pienso ser idiota, quiero ir a la escuela”. Entiende que el estudio puede ayudarla a salir de esa situación de marginalidad y construir un proyecto de vida más esperanzador. Así aplica en diferentes instituciones hasta que logra ingresar al sistema educativo nuevamente. Para ello debe mentir sobre su domicilio ya que no admitirían a una persona en situación de calle. Además, teme al rechazo y al ingreso a un nuevo orfanato.

Para entonces su padre le informa que también es portador de HIV mientras señala: “yo fracasé pero tú lo lograrás”. Sus palabras hacen eco en la adolescente que se obsesiona con obtener las mejores calificaciones: “si mis palabras cuentan, las quiero correctas”. Entonces su profesor le propone un viaje a Boston con todos los gastos cubiertos para conocer la Universidad de Harvard, donde concurrirán los mejores diez promedios de la institución a fin de estimularlos para que persigan la excelencia académica. ¿Pero cómo afrontar los gastos que implica una carrera universitaria en un país donde la educación es privada? Liz postula una beca en el diario estadounidense New York Times, presentando un ensayo sobre sus logros académicos y las estrategias para la superación de los obstáculos, en el que refiere: “El mundo se mueve. Somos sólo un punto. Todo puede suceder sin uno. Las situaciones no conducen a lo que uno quiere para sí mismo. Las necesidades de otros, las dificultades de otros van a ser más fuertes que las de uno. Creo que la gente se frustra por lo difícil que puede ser la vida y se la pasan lamentándose por esa frustración y llenándose de ira con los ojos cerrados ante esta situación, ante las pequeñas cosas que se reunieron para hacer de esa situación lo que es. Porque mamá y papá me hicieron introspectiva logré ver cómo todas esas pequeñas cosas se agrupan para ser el producto final y jamás me incliné a preguntar por qué esto o por qué lo otro. Sabía por qué. No es que eso me hiciera feliz. La verdad me entristecía siempre pero pude aceptarlo. Sólo siempre supe que necesitaba salir. Amé a mi madre muchísimo. Era drogadicta, era alcohólica, estaba propensa a la ceguera, era esquizofrénica pero jamás olvidaré que me amaba a pesar de drogarse todo el tiempo, todo el tiempo, todo el tiempo.”

Finalmente, Liz obtiene la beca que le permite costear sus estudios en psicología. Sin embargo, nunca siente seguridad lo que considera una ventaja porque la obliga a esforzarse y estar atenta a las oportunidades que se le presentan. Algunos años más tarde, Liz da cuenta de su alta inteligencia emocional [i] y se constituye en un ejemplo de resiliencia[ii], dando conferencias ante centenares de personas en cuyo marco asegura: “La gente se interesa en los resultados pero yo estoy más interesada en enamorarme de la posibilidad. Nadie sabe lo que es una posibilidad hasta que lo está haciendo. Tu potencial es eterno. Nuevo momento, nueva posibilidad…”.[iii] Siguiendo lo anterior, cabe remarcar el carácter estratégico que posee la educación emocional[iv] para el desarrollo humano y la construcción de sociedades más inteligentes.

Roxana Rodríguez

Buenos Aires, 17 de abril de 2016.

[i] Mayer, Jhon y Salovey, Peter (1997: 10),la inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual”. 

[ii] Real Academia Española, 1. F. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación.; 2. F. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

[ii] Murray, Liz, TEDx San Diego, https://www.youtube.com/watch?v=dbleDqLdhaE

[ii] Fundación Educación Emocional, “La Educación Emocional es el proceso de enseñanza de las habilidades emocionales mediante el acompañamiento y apuntalamiento de la persona en el ejercicio y perfeccionamiento de las mismas. Es un proceso porque implica un tiempo (toda la vida, y no un día) y por otro lado, cambios; que son progresivos en la adquisición de dichas habilidades. Es una enseñanza, dado que se basa en la transmisión de conocimientos y la corrección de lo erróneo (comportamientos agresivos, impulsivos o desadaptatívos en general). Por habilidades emocionales entendemos los cinco ejes constitutivos de la Inteligencia Emocional (Conocimiento de uno mismo, autorregulación, empatía, motivación y habilidades sociales). En cuanto al acompañamiento, hace referencia a un otro humano que está junto a quien aprende compartiendo un cierto período de tiempo (no un libro ni un transeúnte). Esta es la función del docente, padre, madre, abuelo, etc. que comparte un tiempo con la persona cuando enseña y apuntala, puesto que reafirma los comportamientos adecuados de la persona. Por el término ejercicio hago referencia a la importancia en cuanto a que la persona practique y ejercite tales aprendizajes. Por último, la palabra perfeccionamiento hace referencia a la mejora continua de las habilidades emocionales mediante su ejercicio por parte de la persona y el apuntalamiento del educador. Perfeccionamiento que no tiene fin, puesto que tal enseñanza puede realizarse a lo largo de toda la vida. Sin embargo, de niños es cuando más receptivos somos, por tanto es cuando más efectiva es tal educación.”

 

 

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