Desde el fondo del estanque

07“No sabemos lo que podemos llegar a ser hasta que no sepamos lo que somos capaces de hacer.

Sir Ken Robinson

 

 

 

Los coristas es una película francesa de 2004, dirigida por Christophe Barratier, que invita a reconsiderar a la música como una estrategia educativa para la inclusión social y el desarrollo humano. Al comienzo, Pierre Morhange, un prestigioso Director de orquesta que reside en EEUU, recibe un llamado desde Francia informando sobre el fallecimiento de su madre. Entre lágrimas lleva adelante el concierto y, al finalizar, se dirige a su tierra natal para despedir a la mujer que le dio vida.

Tras el funeral, Morhange descansa en su residencia cuando inesperadamente tocan el timbre. Se trataba de Pépinot, un viejo compañero de Fond de L`étang (cuya traducción al español es “fondo del estanque”), un internado donde ambos habían vivido cincuenta años atrás. Juntos revisan fotos y reavivan viejos recuerdos de sus compañeros, las autoridades y Clément Mathieu, un preceptor que había desafiado las pautas institucionales procurando darles lo mejor de sí para que pudieran transformar su vida y su entorno. Morhange refiere:

_ Me pregunto qué habrá sido de él.

_ Ábrelo.

Pépinot le entrega el diario íntimo que Mathieu había escrito durante su paso por el internado, donde narra las vivencias de los niños y adultos que allí convivían. Según refiere, Mathieu deseaba que Morhange fuera quien lo guardara.

El diario comienza el 15 de enero de 1949 cuando Mathieu arriba al internado donde, según el aviso laboral, rehabilitan a chicos problemáticos. Al llegar, se encuentra a un niño junto al portón de entrada:

_ ¿Qué haces aquí?

_ Estoy esperando que llegue el sábado.

_ ¿Por qué?

_ Mi padre vendrá por mí.

_ Pero no es sábado.

De pronto, alguien grita “Pépinot”, se acerca al portón, busca al niño y recibe a Mathieu. Cabe mencionar que los padres de Pépinot habían muerto durante la ocupación y que no llegarían ni ése ni otro sábado.

Mathieu asume el cargo de preceptor aunque cuenta con experiencia previa como profesor de música en escuelas privadas. Los primeros días en Fond de L`étang fueron difíciles, los siguientes también. Allí conoce al Director Rachin, un ser violento y perverso, que abusa de su autoridad sobre los niños y adultos de la institución de manera sistemática. Uno de los lemas del internado es “acción, reacción”: promueve un sistema de enseñanza basado en los premios y castigos para modelar la conducta. Entre los castigos más recurrentes se encuentran: encierro y asilamiento en una celda, trabajo comunitario para la escuela, etc. Si bien no se explicita, esta metodología se corresponde a la corriente conductista, definida como “ciencia que estudia el comportamiento sobre relaciones de estímulo y respuesta y a partir de la conducta y de las reacciones objetivas, sin tener en cuenta la conciencia, que es considerada un epifenómeno.”[i]

Mientras Mathieu se apronta para ponerse en tarea, presencia un primer incidente que lo pone de cara a la realidad institucional: una explosión (aparentemente causada por uno de los internos de manera intencional) hiere el ojo de Maxence, un viejo empleado del lugar. El Director ordena a Mathieu tocar la campana y convocar a una asamblea, en cuyo marco pide al responsable del incidente que asuma la responsabilidad públicamente y, ante el silencio, toma una nueva medida desafortunada: solicita a Mathieu, quien aún no conoce a los niños, que escoja al azar un nombre de la lista para que el elegido sea quien cumpla el castigo. Así Boniface, un niño de buena conducta, es encerrado en una celda. Además se prohíben los recreos y las visitas por un tiempo prolongado.

Mathieu descubre que su incorporación responde a la necesidad de reemplazar al Sr. Régent, quien se retira de la institución por haber sido atacado con tijeras que causaron una herida de diez puntos en un brazo, por decomisarle los cigarrillos a uno de los niños. Antes de partir, el Sr. Régent le informa que Le Querrec, uno de los internos con comportamientos violentos, es el responsable de la explosión que lastimó al Sr. Maxence. Pese al temor que le generan el Director, los niños y el edificio, Mathieu decide asignarle un castigo alternativo al niño y señala: “No te llevaré con el Director pero tengo que castigarte. En vez de divertirte en el recreo, trabajarás en la enfermería. Serás el enfermero del viejo Maxence.” Así Le Querrec tiene la oportunidad de revincularse con el Sr. Maxence a partir del cuidado de su salud, una tarea con una fuerte impronta humanista. Se multiplican otros episodios similares. Esta actitud de su parte genera una suerte de complicidad con los internos. Poco a poco cultiva la empatía necesaria para construir una mejor convivencia mientras se pregunta: “¿en verdad estos chicos son una causa perdida?”

En una oportunidad, queriendo jugarle una broma, los chicos descubren las partituras de Mathieu. La intriga de los niños se diluye a la brevedad, ya que el preceptor decide emprender un coro como estrategia para mejorar los vínculos entre los actores de la comunidad educativa. Conforme los evalúa, los agrupa según sus condiciones vocales: soprano, contraalto, bajo, barítono y asistentes. Esta modalidad de intervención sociopedagógica, parece estar en línea con algunas reflexiones de Sir Ken Robinson, un educador y escritor británico, en su libro “El elemento”: “La educación no necesita que la reformen: necesita que la transformen. La clave de esa transformación no es estandarizar la educación sino personalizarla y descubrir los talentos individuales de cada niño.”[ii]

Siguiendo lo anterior, las prácticas del coro se realizan por las noches y, una vez que éste se encuentra organizado, Mathieu le pide autorización al Director quien refiere:

_ Me gusta reírme. Hágalos cantar. Pero si sale mal, perderá su trabajo.

_ Gracias por su apoyo, Sr. Director.

En ese proceso, Mathieu descubre el talento de Morhange, un niño con rostro angelical y aptitudes de liderazgo. Sin embargo, su participación en el coro suele ser discontinúa debido a su comportamiento disruptivo dentro y fuera del aula.

Luego de varias semanas, el Director decide prohibir el coro porque considera que éste les desarrolla la mente a los chicos, ante lo cual el colectivo se organiza clandestinamente. El coro clandestino ensaya por las noches con la colaboración de Chabert, otro empleado de la institución, quien entiende que los deportes y la música forjan la unidad nacional. Durante los ensayos, se oyen las voces de los niños cantando: Mira sobre tu camino a los niños perdidos, olvidados… / Dales la mano para encaminarlos hacia otro mañana. / Siente en el corazón de la noche la onda de la esperanza, fervor de la vida, sendero de la gloria. / Buenos momentos de la infancia rápidamente olvidados, borrados… / Una luz dorada brilla sin fin al final del camino.

Más tarde, Maxence procura que el coro cobre visibilidad escribiendo una emotiva carta a una Fundación y la novedad llega a oídos de la Condesa, quien se interesa especialmente, apoya la iniciativa y elogia al Director, quien muestra la práctica cultural como propia quitándole rédito a Mathieu. Mientras el Director participa en una reunión organizada por la Condesa, recibe un llamado y debe abandonar el lugar. Cuando regresa al internado, descubre el edificio en llamas creyendo que los niños se encuentran adentro. Más preocupado por el futuro de su carrera que por la vida de los niños, el Sr. Rachin observa las llamas con desconsuelo. Pero de repente aparecen Mathieu, Maxence y los niños caminando desde el bosque, en el marco de una actividad alternativa no autorizada previamente.

Romper las reglas de la institución supone la expulsión para Mathieu. El Director lo humilla y no le permite despedirse de los niños. Mientras se retira de aquel siniestro edificio, una lluvia de papelitos con mensajes de los niños lo sorprende. Puede reconocer en ellos su caligrafía y ortografía. Luego ve asomarse muchas manitos que saludan por la ventana en señal de reconocimiento por su labor humanista. A través del arte había logrado forjar la autoestima de los niños, educar el gusto y potenciar sus aptitudes.

Pese a la injusta situación, Mathieu siente orgullo y se dice a sí mismo: “(…) Soy Clement, un músico fracasado, un preceptor desempleado.” Pero su historia no termina allí. Continúa dando clases de música el resto de su vida sin buscar fama. Todo lo que hace es para su propia gratificación. Al decir de Woody Allen, actor y director estadounidense: “No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo.”[iii] Mathieu lo sabe, acepta y sigue. Sin más, Pépinot toma sus pocas pertenencias y decide acompañarlo, mientras que el Sr. Rachin es destituido de su cargo de Director con motivo de los continuos abusos de autoridad.

Roxana Rodríguez

Buenos Aires, 20 de enero de 2016.

[i] Real Academia Española (RAE), definición de “conductismo”. Enlace: http://buscon.rae.es/drae/srv/search?id=mN83eOxxiDXX2Ffgshcw

[ii] Robinson, Ken, “El elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo.”, Editorial Conecta, Madrid, 2003.

[iii] Woody Allen es un actor, director, guionista, dramaturgo, humorista, entre otros, de nacionalidad estadounidense, ganador de numersos premios y reconocimientos a nivel internacional. Enlace: http://woodyallen.com/

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